martes, 25 de noviembre de 2008

Más allá de escasez (I)


Más allá de escasez (I)

Escrito por Juan Héctor Vidal

Columnista de LA PRENSA GRÁFICA
Lunes, 24 noviembre 2008 00:00

El escenario. Si el BID ha abierto una ventanilla especial para proporcionar recursos a los países miembros más expuestos a los efectos de la crisis financiera internacional, es porque el problema es muy serio; por ello es bueno que El Salvador sea uno de los primeros beneficiados. Sin embargo, esta operación tiene a nuestro juicio más implicaciones de las que aparenta y ante la falta de información apropiada de parte del gobierno, la gente ha empezado a sacar sus propias conclusiones. Este es mi caso.
Para empezar, yo entiendo que esta es la primera operación de su tipo entre el BID y el BCR; no tengo información de si dicho organismo ya lo ha hecho en anteriores ocasiones con bancos centrales de otros países y si ello responde a una política ya establecida o es una ventanilla que solo se ha abierto para ayudar a los países en la presente coyuntura. Sí recuerdo que este tipo de facilidades no existía hace veinticinco años, cuando los países centroamericanos vivieron la peor crisis de balanza de pagos de que se tiene registro. En esa época, el Consejo Monetario Centroamericano, a través de su Secretaría Ejecutiva, acudió al BID, entre otras instituciones de crédito, para conseguir recursos frescos y evitar que colapsara el sistema de pagos regional y se desplomara el comercio.
La institución no pudo colaborar, porque en palabras de su presidente —a pesar de la preocupación que mantenía por la situación centroamericana— el BID no había sido creado para ayudar a países con problemas de balanza de pagos. En cambio, hizo gestiones ante organismos que sí podían hacerlo, pero ello no evitó que la Cámara de Compensación sucumbiera y que el comercio cayera en 60% en solo cuatro años. No viene al caso, pero mi involucramiento en estas iniciativas me obliga a recordar que fue en gran medida la irresponsabilidad del primer gobierno sandinista la que casi destruyó un esfuerzo de integración de casi veinticinco años.
Por lo visto, el BID nuevamente se ha puesto a la altura de las circunstancias, tendiendo la mano a un país que siempre ha cumplido sus obligaciones, pero que hoy, ante la crisis, está considerado entre los más vulnerables. El hecho que el BCR retome virtualmente su función de prestamista de última instancia, aunque sea acudiendo a préstamos —cuando antes lo podía haber hecho con recursos propios—, también es una señal de que el país realmente necesita esa ayuda.
En opinión de algunos las necesidades de recursos son mucho mayores, aunque como un dato una inyección de $500 millones hubiera representado a septiembre el 5.5% del crédito al sector privado y el 6.0% de los medios de pago (M2). Sin embargo, el potencial de atender las necesidades de la economía real depende de los objetivos de política económica del gobierno y de la disposición de los bancos de flexibilizar sus condiciones de acceso al crédito, con la prudencia que demandan las circunstancias. Bajo esos parámetros, los mecanismos de expansión del crédito y el uso imaginativo de la bolsa de valores pueden multiplicar por un factor “k” esa primera inyección de recursos.
Sobre este último aspecto, lo único que se sabe es que con esa línea de crédito, el BCR comprará cartera a los bancos para que puedan liberar recursos y dedicarlos a sectores que se consideran prioritarios, aunque un funcionario del BID dijo puntualmente que eran para capital de trabajo y para operaciones de comercio exterior. Esto nos tranquiliza porque no se trataría de comprar cartera “tóxica” como ha ocurrido en Estados Unidos y sucedió con la quiebra de CREDISA.

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P. D. Deliberadamente utilizamos el término “escasez” en vez de “iliquidez”, porque nos parece que refleja más apropiadamente la situación. Perdón con los expertos.

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