viernes, 8 de enero de 2010

Epopeya o lamentable comedia...


Todo esto ha comenzado renqueando. Cuando digo "todo", me refiero a que primero se creyó a pie juntillas en un hombre providencial: se le idolatró, se le entregó la confianza entera de millones y ni siquiera el partido que lo patrocinó juzgó necesario pactar con él claramente, ni planes de gobierno, ni cómo se iba a gobernar. Se le perdonaron repetidos desplantes, incluso hubo quien los juztificara.

El presidente Funes aprovecha hasta el tope el carácter antidemocrático de la Constitución, con su exacerbado precidencialismo. El partido que lo llevó al poder finge no darse cuenta de que el presupuesto votado en los mismos términos que el anterior, encierra las mismas patrañas que usaban los gobiernos anteriores. Si fueramos honestos, si el coraje no nos faltara, pues reconoceríamos que transparencia no existió ni siquiera en el proceso de designación del candidato. El cambio de los estatutos del Frente, el procedimiento con un sólo candidato, la existencia de dos entidades paralelas de preparación de programas, etc. Todo eso lleva la impronta del secretismo, de un antiguo proceder antidemocrático, oscuro y nefasto.

Estamos viviendo episodios de nuestra historia que pudieron ser muy importantes, que aún lo pueden ser, que pudieron seguir los rumbos de una epopeya, pero que se están encaminando hacia una comedia de baja calaña.

Se nos repite con insistencia "que el tiempo es corto para juzgar". Sí, para dar un juicio definitivo es corto y aún no es tiempo. Es cierto, sin embargo, que el presidente sí parece ser más inteligente o más astuto, pues él sí considera que puede ya juzgar en este mismo tiempo el trabajo de sus ministros. Y esos ministros han estado con las manos amarradas, con la espada de Damocles sobre sus cabezas, pues sabían que en cada momento podía el presidente sabelotodo desmentirlos, criticarlos, desvalorizarlos. Tenemos, pues, la figura que describe García Márquez en una de sus obras cumbres, “El otoño del patriarca”. Según cuenta el autor, se lo inspiró un célebre gobernante salvadoreño.

-Qué hora es?
-La que usté quiera, señor presidente.

Pero, algo se puede hacer para que las cosas cambien. Ser honestos con nosotros mismos, con nuestras ideas, con nuestras convicciones. No podemos seguir juztificando con nuestro oscuro pasado, un presente gris.

En dos siglos, primer gobierno de izquierda. Dónde está el entusiasmo popular? Ahogado en la ausencia de medidas necesarias para levantarlo: aumento del salario mínimo, control de precios de los productos de primera necesidad, vuelta del colón, abrogación de la ley de amnistía, ratificación de la ley de sindicatos, cambio de las leyes laborales, disminución drástica de los sueldos del presidente, de los ministros, de los diputados. Por esto último comenzó Evo Morales, con un 50% de disminución salarial de todos sus ministros y diputados, incluyendose él, el mismo presidente.


de Carlos Abrego
Blog Cosas tan pasajeras

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