jueves, 12 de noviembre de 2009

jueves 12 de noviembre de 2009

LA SOCIEDAD CUBANA HOY (III)

“ASIGNATURAS PENDIENTES”

Jorge Gómez Barata

La cohesión del pueblo cubano en torno a la Revolución y al liderazgo de Fidel Castro, el orgullo por las victorias frente al imperialismo, la relevancia internacional del país, los avances en la educación, el deporte, los servicios de salud y las victorias internacionalistas, entre otros factores, fomentaron un espíritu de triunfo que unido a una economía capaz, aunque a niveles austeros, de satisfacer necesidades básicas, actuaron como un blindaje ideológico e hicieron suponer que en Cuba no existían problemas políticos o eran irrelevantes. Esa percepción y la certeza de que las amenazas eran externas, puede haber dañado el mecanismo inmunológico de la Revolución y debilitado sus defensas naturales.

Durante décadas, teniendo como marco un amplio sistema de instituciones estatales, el Partido y la Unión de Jóvenes Comunistas, sí como las organizaciones sociales y de masas, el pueblo y la dirección revolucionaria, interactuaron en una relación casi perfecta, caracterizada por la comunicación, la unidad, la armonía y un respaldo casi unánime a las políticas aplicadas. El discurso político era capaz de generar suficientes incentivos, había trabajo y escuelas para todos, programas de estímulos razonables y los desafectos se marchaban o se apartaban.

Tal vez por ser tantos y tan contundentes, los elementos positivos llevaron a la subestimación de otros que, como ocurre con ciertos virus, se incuban en las profundidades del organismo social, para de modo oportunista emerger cuando se debilitan las defensas. Ahora, cuando la Revolución libra un contencioso ideológico e incluso político interno que tiene como escenarios las propias instituciones revolucionarias, faltan capacidades y entrenamiento para lo que Fidel calificó como “Una batalla de ideas”, en la cual el adversario no es sólo el imperio.

Por razones difíciles de explicar los militantes revolucionarios cubanos, sus dirigentes, intelectuales y científicos sociales, con pocas excepciones, asumieron la lectura del marxismo y la experiencia política soviética como algo virtualmente perfecto. Tan fuertes fueron esas convicciones que todavía se percibe perplejidad e incluso nostalgia por el dramático fin de aquellas estructuras. En parte eso explica por qué en Cuba el examen de las causas y las consecuencias de la crisis del socialismo real son asignaturas pendientes.

En 1986 Fidel Castro convocó al proceso de “Rectificación de Errores y Tendencias Negativas”. El error consistía en haber copiado el modelo soviético y no era poca cosa, sino la génesis de muchos problemas. Al abandonar su orientación original y renunciar a su propia versión del socialismo, la Revolución Cubana dio un salto atrás. Las esperanzas de que mediante la labor de las instituciones revolucionarias y a través de la crítica pudiera perfeccionarse el modelo socialista en su conjunto no se justificaron. La opulencia de la coyuntura prevaleció.

Si bien Fidel Castro se percató a tiempo que el uniforme modelo económico del socialismo real, era portador de carencias y defectos genéticos que al trasladarse a nuestro entorno creaba riesgos mortales, no pudo avanzar hasta el final porque la crisis se precipitó y obligó a descontinuar la Rectificación. Aunque en aquel momento su visión fue providencial, la obra no pudo ser completada.

En la medida en que, de discurso en discurso, mediante dosis cuidadosamente calculadas, como era su peculiar modo de socializar las ideas, formar consenso y hacer conciencia, Fidel Castro se adentraba en la critica a la copia en la economía, algunos testigos, se mantenían expectantes para el momento en que aquella cruzada provocara una reacción de la cúpula soviética, todavía dominada por el inmovilismo; también se esperaba que, en algún punto, los enjuiciamientos de Fidel trascendieran la cuestión económica y rozaran las esferas institucionales, políticas e ideológicas.

Según mi punto de vista de entonces y que todavía no ha cambiado, la Rectificación no podía aludir sólo a la economía, sino que obligatoriamente tendría que referirse al proceso iniciado en la segunda mitad de la década del setenta con el Primer Congreso del Partido que no era exclusivamente económico, yo diría que ni siquiera predominantemente económico.

En aquella época, como parte de la corrección de los errores del idealismo que presuntamente caracterizaron a la primera década de

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