viernes, 13 de noviembre de 2009


11.13.09

Crónica de un “poemicidio”.

Publicado en Historia, Literatura, Personal a 7:13 am por RAO

“De qué sirvió tu muerte, mi Tata Feliciano…”
Oswaldo Escobar Velado

Todavía resuena reclamante la queja-grito del poeta Oswaldo Escobar Velado al evocar al heroico dirigente Feliciano Ama, vilmente asesinado por el ejército salvadoreño en la plaza de Izalco, en 1932. No era una queja-reclamo cualquiera, era la voz del poeta, mezcla de rabia, impotencia y una expresión de fe a la memoria del cacique mártir, padre histórico y referente magnífico de la justicia, la lealtad y la solidaridad del pueblo indígena. Y todo porque, décadas después, las cosas seguían igual

Y más acá en el tiempo, el poeta hubiera vuelto interrogando: “¿De qué sirvió tu muerte…”: Monseñor Romero, Enrique Álvarez Córdova, Marianela, los Jesuitas, Juan Chacón y tantos miles de patriotas…?, al ver que el estado de cosas, entre autoritarismo y represión, seguía igual

Y más aún, sobrecogido de dolor, su queja-reclamo hubiera sido por la gente de su estirpe, por los mártires del canto y la poesía: “¿De qué sirvió tu muerte…”: Jaime Suárez, Amílcar Colocho, Lil Milagro Ramírez, Chema Cuéllar, Roque Dalton, Alfonso-Chiquitón- Hernández, Mauricio Vallejo padre, Rigoberto Góngora y los demás…?, dolido el poeta al percatarse de que, después de su muerte, y todavía, por falta de nobleza y compromiso del escritor con el honor y la justicia, las cosas, a veces, siguen igual o peor

Sin menosprecio de las dos interrogantes primeras, que valen tanto como la última, y por ser la disciplina que tanto amó, Escobar Velado indagaría: “¿De qué sirvió tu muerte… poeta…?”. Interrogante que, con respuestas satisfactorias en su mayoría, colmaría sus sueños de justicia y honestidad. Aunque también, una que otra negación, mínima, oscurecería sus anhelos de rectitud; sobre todo, porque los sacrificios y luchas patrióticas contra la mentira y el poder autoritario y represivo, fueron de veras anhelo coherente y de honestidad, en beneficio de las mayorías populares.

La sangre derramada demanda coherencia y limpieza en el accionar personal y social. Por los mártires de la poesía, Escobar Velado seguirá interrogando, desde antes, hoy y después, si valió la pena el sacrificio para que, tal como lo avizora la esperanza, el pueblo disfrute un día de la felicidad y el bienestar a los que tiene derecho. Sin embargo, vista la realidad, lo dicho: el poeta Escobar Velado con su pregunta resentiría hoy que, a veces y aunque en grado mínimo, las cosas estén igual o peor en este campo, su campo literario. Por ejemplo, cuando se sigue ejercitando el plagio.

Durante varias décadas he sido testigo, y cuestionador además, de varios plagios literarios. Por ellos supe que -como dice el crítico Lionell Trilling- “el artista inmaduro imita, el artista maduro roba” y pienso que, quizás por eso, a ambos les es difícil aceptar, su falta o culpa. La experiencia la da el tiempo. La siguiente es la breve historia de un “Poemicidio” que, aún latente, desligitima y desnaturaliza la esencia pura del arte poético y del accionar responsable del poeta:

El pasado 28 de septiembre, la Editorial Cabuda Cartonera publicó en la página literaria Trazos Culturales de Diario Co Latino, a cargo del escritor Néstor Martínez, un anuncio/invitación a la presentación del libro “Cuarto Creciente”, el día 29, promovida por la editorial y otras dos organizaciones relacionadas. El recital estaría a cargo de Kenny Rodríguez, abogada y poeta, como autora del libro. El anuncio señalaba el título mencionado y, además, lo hacía acompañar de un poema de igual nombre “Cuarto Creciente”. Ambos títulos, me hicieron retroceder en el tiempo, hasta a principios de los años noventa y, de inmediato, pensé también en Nancy Orellana, mi hija, socióloga y escritora. Claro, porque ese poema y otros de Nancy, que fui a comprobar en los archivos familiares, coincidían, casi literalmente, con los que fueron presentados en el recital de la Cabuda Cartonera.

El poemario “Confesiones entre tiempo” (1992-1994), con el que Nancy Orellana participó en un certamen literario en aquellos años, contiene el poema citado y otros con los que Kenny Rodríguez integra su libro. ¿Cómo no los iba a recordar y reconocer yo, si en aquel entonces nos fueron mostrados por Nancy, después de que el fallo se hubo dado? Algo, entonces, me hizo ir a la comparación con el poemario de Kenny Rodríguez, para saber si estaba en lo cierto. Y lo estaba, y lo estoy. Para muestra, el principal botón (compare el lector):

Nancy escribió en 1992: Kenny en su libro lo hace así:

“Uña preciosa “Luna

filuda uña preciosa

pequeña… filuda

rasgá las soledades pequeña…

hacé hilachas los días cansados y largos rasgá las soledades,

rascame la espalda mientras espero. hacé hilachas

Prendé al fantasma que me ronda los días largos y cansados

atrapalo rascáme la espalda

cazalo… mientras espero,

Uña linda prendé el fantasma que me ronda

que quede colgada de vos atrapálo,

como un hilo cazálo.”

esta esperanza.”

Luego, siguiendo la confrontación de textos, hay otros de igual manera idénticos. Por espacio, valga apenas la mención. Además, ya habrá tiempo de exponerlos, cuando las circunstancias lo ameriten. Pero, en todo caso ¿dónde queda la queja-reclamo del poeta Oswaldo Escobar Velado, como demanda de un comportamiento ético de los poetas, para ser coherentes con la memoria de los poetas mártires, que ofrendaron su vida tras la conquista de una sociedad más justa y más humana, a través de la honestidad y la justicia? Construir un acto innoble como éste, no es consecuente con el ideal de los poetas mártires; como no lo es la aprobación y justificación de dicho acto, por el prurito de una solidaridad mal entendida que trata de defender lo indefendible. Tampoco se vale invocar sacrificios y sufrimientos en pro de una noble causa, para justificar desaguisados como el descrito; y menos arrogarse el derecho de hacer “advertencias” que suenen a amenaza, como la mejor vía para eliminar una controversia.

Es como para que el poeta Escobar Velado, con harto desconsuelo, eternice su vigilia preguntando: “¿De qué sirvió tu muerte… poetas…?”. ¿De qué? (RAO).

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